Así escuchan los murciélagos
Inspiración: La ecolocalización como una tecnología natural y sabia que nos invita a escuchar el mundo de otra manera.
Objetivo: Comprender cómo los murciélagos usan el eco para orientarse y reflexionar sobre nuestras propias formas de escuchar.
Cuento: Luna, la murciélaga exploradora
Propósito: Introducir el concepto de ecolocalización desde una narrativa sensible y significativa.
En momentos clave del cuento, se detiene para preguntar:
¿Cómo crees que Luna sabe dónde está?
¿Qué pasa cuando hay mucho ruido en el bosque?
¿Y tú? ¿Cómo escuchas en la escuela?
Luna, la murciélaga exploradora
Un cuento sobre el poder de escuchar para encontrar el camino
Muy, muy arriba en la rama de un árbol grande que tocaba el cielo, vivía Luna, una pequeña murciélaga de alas suaves y ojos curiosos. A diferencia de sus hermanas y hermanos, a Luna no le gustaba dormir todo el día. A ella le encantaba soñar con lo que había allá afuera, más allá de las hojas y las sombras.
—¡Quiero conocer el bosque entero! —decía cada noche, mientras los demás bostezaban.
Una noche, Luna le dijo a su mamá:
—Mamá, ¿cómo hacen los murciélagos para volar en la oscuridad sin chocar?
—Muy fácil, hijita —respondió su madre con una sonrisa—. No miramos con los ojos… escuchamos con el corazón.
Luna parpadeó confundida.
—¿Cómo que escuchamos con el corazón?
—Verás… hacemos un pequeño sonido con la boca, como un “tic”, y ese sonido viaja por el aire, choca con algo —una rama, un tronco, un colibrí dormido— y vuelve a nosotras. Así sabemos dónde está todo, aunque no lo veamos.
—¡Eso es magia! —gritó Luna.
—No, es ecolocalización —le dijo su mamá—. Es la forma en que los murciélagos conocemos el mundo.
Esa noche, Luna decidió probarlo.
Voló bajito y lanzó su primer sonido:
“Tic”...
Un segundo después, escuchó:
“Tac”
¡Un árbol!
Más adelante:
“Tic”...
“Tac”
¡Una mariposa durmiendo!
Luna giraba, subía, bajaba… ¡y no se chocaba con nada! Era como tener un mapa invisible hecho de sonidos. El bosque entero era un instrumento, y ella era quien lo tocaba para descubrir sus secretos.
En su vuelo encontró a un zorro, que lloraba solo.
—¿Por qué estás triste? —le preguntó Luna.
—Me perdí y no veo nada con esta neblina —dijo el zorro.
Luna sonrió.
—No necesitas ver, solo escuchar. Ven, sigue mis sonidos.
Luna comenzó a emitir sus “tic tic tic”, y el zorro, guiado por el eco, volvió con su familia. Esa noche, el zorro y todos los animales del bosque aprendieron que hay una manera diferente de mirar el mundo: cerrando los ojos… y abriendo los oídos.
Desde entonces, Luna no dejó de explorar.
Voló por cuevas, escuelas, ciudades y hasta soñó con llegar a una gran institución en Itagüí… donde los niños también aprendieran a escuchar como ella.
Cierre del cuento:
Al terminar el relato, puedes preguntar a los estudiantes:
Trabajo en el cuaderno
¿Sabías que los murciélagos no ven con los ojos… sino con los oídos?
Elabora de forma creativa el murciélago, utilizando la plantilla y pégalo.
Los murciélagos, hacen un sonido que viaja, choca con algo y regresa. Eso se llama eco, y les dice dónde están los árboles, la comida o los amigos. A eso se le llama ecolocalización.
Es como lanzar una pelotita invisible y escuchar dónde rebota.